Atraso en dragado resta eficiencia a Puerto Caldera en Costa Rica
La eficiencia en la carga y descarga de mercancías en puerto Caldera decayó en los últimos meses, por el atraso en el dragado del muelle. Esto, repercute directamente en el precio que pagan los costarricenses por productos importados, como los granos.
Hoy, el puerto trabaja con solo dos de los tres puestos de atraque que tenía hace un año.
El tercero de estos puestos acumuló un banco de arena de 80 metros de frente que, cuando baja la marea, se convierte en una ampliación de la playa en Caldera.
Dicha disminución en la zona de atraque obliga a los barcos a esperar hasta cinco días en la bahía. El año pasado, el tiempo de espera no era mayor a dos días.
Este puesto tiene ahora 9,5 metros de profundidad (calado), 1,5 metros menos de los que tenía en 1981 cuando se abrió el puerto.
La disminución en la profundidad del puerto también se ha presentado en los otros dos puestos de atraque, en la zona de maniobras y en el canal de acceso.
Esto obliga a las navieras a entrar con barcos graneleros menos cargados o naves más pequeñas para transporte de contenedores.
Óscar Álvarez, de la agencia naviera Marinsa, alegó que el puerto se ha vuelto muy lento y poco competitivo debido a la falta de puestos de atraque.
Por cada día de espera en bahía los barcos cobran de $40.000 a $75.000, costos que luego se trasladan al consumidor final, dijo.
Por ejemplo, por Caldera entran el 80% de los granos que importa el país, entre ellos, trigo, maíz, soya y arroz, los cuales, se encarecen por los costos adicionales del puerto.
Álvarez contó d el caso de 15 contenedores de piña que no pudieron exportarse porque el barco tuvo que irse luego de tres días de espera. La carga perdida se valoró en ¢6,6 millones, dijo Álvarez.
Marinsa pidió el viernes pasado al Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (Incop) que habilite el muelle de Puntarenas para atender barcos pequeños. Pero ese atracadero está fuera de la concesión.
Repartiendo culpas. La firma concesionaria, la Sociedad Portuaria de Caldera, reconoce que el problema existe, y se defiende diciendo que atiende a la misma cantidad de barcos que llegaban hace un año, pero con un puesto menos.
Pero el gerente de la concesionaria, Julio César Ospina, alegó que la culpa no es solo propia.
El último dragado en Caldera se hizo hace 10 años, cuando el puerto estaba en manos del Incop.
Cuando la Sociedad asumió las operaciones (en agosto del 2006), también asumió el dragado de mantenimiento, el cual debió realizarse en febrero del 2007.
Sin embargo, la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) no otorgó los permisos hasta diciembre de ese año. En los últimos siete meses, el consorcio llamó a una licitación, pero solo participaron tres empresas: las holandesas Royal Boskalis y Van Oord y la hondureña Dragados Internacionales.
A cambio de las obras, estas empresas pidieron entre $12,6 y $13,75 por metro cúbico, pero la Sociedad tenía presupuestado apenas $6 por cada metro para dragar 520.000 metros cúbicos.
Marcos Picado, ingeniero de la Sociedad, dijo que se contrató a la Sociedad Portuaria Regional de Barranquilla, la cual realizará el trabajo por $3,6 millones. La obra tardará 75 días y empezaría la primera semana de agosto.
Ambiente: la mayor preocupación
La conservación de los recursos naturales de la zona de los canales es la mayor preocupación cuando se buscan soluciones al problema de la finca de Japdeva.
El temor es que, al identificar a los legítimos poseedores (personas sin títulos de propiedad), se cuelen oportunistas con el fin de comerciar después estas tierras de alto valor.
A eso se refiere el presidente ejecutivo de Japdeva, Walter Robinson, cuando habla de que hay muchos intereses.
“Estamos hablando del valor infinito de estas tierras, las riquezas de estas tierras al lado de los canales”, comentó.
También Rafael Madrigal, legislador del Partido Acción Ciudadana por el cantón de Pococí, hace la advertencia: “El problema son los excesos, se ve como si se estuviera abriendo un cofre y todo el mundo quisiera echar mano de él”.
Para los diputados Jorge Méndez y Ovidio Agüero, liberacionista y libertario, respectivamente, la debida entrega de títulos es un asunto de interés social.
Ambos defienden el proyecto de ley que se tramita en el Congreso para promover la titulación en la zona. Para ellos, el plan no afecta la protección de las recursos.
Por su parte, Asdrúbal Cambronero, uno de los líderes de las organizaciones comunales, afirma que la protección de los recursos la garantizan cerca de 20 organizaciones no gubernamentales que, con ese fin, trabajan en la zona.
2007, ¿el año más frío de la década?
La noticia viene de Expansión y la discuten en Barrapunto, «los datos satelitales de temperatura para la baja troposfera (RSS MSU) indican que 2007, lejos de ser el año más caluroso de la historia, ha sido el más frío de esta década»
Libro: La venganza de la Tierra
Excelente reseña de un libro que publicaron hace un tiempo en Historias de la Ciencia, deja mucho que pensar de fuentes alternativas para generar electricidad:

El autor es James Lovelock famoso hoy día, sobre todo, por su hipótesis de Gaia. Según conocidas revistas como New Scientist, Observer y Prospect está considerado como uno de los grandes pensadores de nuestra época, una de las figuras más influyentes del movimiento ecologista y uno de los 100 intelectuales de más renombre del mundo respectivamente.
Ha sido un científico independiente al que llamó la NASA para el primer intento en descubrir vida en Marte. Su objetivo era establecer los métodos y criterios en bajo los cuales se podía considerar que era posible la vida o no en Marte y, por extensión, en cualquier otro planeta. Un problema tan interesante como complejo. Pero de su labor y Gaia podemos hablar en otras historias.
El libro del que hablamos hoy lo ha escrito a la edad de 86 años y va, precisamente, de la manita del hombre y su relación con el cambio climático. Según Lovelock, ya estamos definitivamente condenados al mismo y la razón es que nos hemos cargado todos los sistemas que tiene la Tierra para enfriarse. Lo único que podemos hacer es intentar minimizar los resultados.
Nos recuerda lo importante que es para nuestra sociedad la electricidad y explica una historieta sobre qué sucedería si no la tuviésemos de forma permanente (¿habéis intentado pasar sin electricidad un día o, mejor,una semana? Probadlo: ¡fuera plomos!).
Intenta explicar por qué el cambio climático no se ha tomado realmente en serio, por mucho que los científicos no paren de dar alarmas, dado que la ciencia no puede explicarlo todo. En sus propias palabras:
La ciencia es un club cordial y agradable de especialistas que siguen los caminos trazados por numerosas autoridades; es presuntuosa y admirablemente productiva, pero nunca segura al 100% y siempre coartada por la persistencia de unos puntos de vista incompletos.
Y mientras los científicos deben ser cautos en sus afirmaciones, los políticos van al Protocolo de Kyoto haciendo ver que escuchan cuando, en realidad, sólo ganan tiempo.
Da un repaso por todas las posibles fuentes de energía conocidas hoy día y una explicación de ventajas e inconvenientes. Os doy algunos detalles.
Respecto el gas, no todo se quema: hay fugas. El metano es 20 veces más potente que el CO2 para producir efecto invernadero, aunque en 12 años sólo queda el 37% de la fuga; el resto se oxida para formar CO2 y vapor de agua. El CO2 tarda en eliminarse entre 50 y 100 años. Tan preocupante uno como otro.
Donde sí me he llevado una sorpresa ha sido al tratar de las energías renovables y del modo tan sesgado en que tratan los políticos el concepto “desarrollo sostenible” y “energías renovables”.
Dice, por ejemplo, que para satisfacer las necesidades energéticas del Reino Unido se necesitarían 276.000 generadores de viento (tres por cada kilómetro cuadrado y medio) y que, aparte, necesitaríamos una forma eficiente de almacenar la energía que se produce. Las turbinas de viento funcionan un 25% del tiempo y el 75% restante debe venir de otras fuentes. El informe más reciente de Alemania al respecto dice que sólo está disponible el 16% del tiempo. En su opinión, ninguna comunidad razonable invertiría en este tipo de producción de energía si no fuera porque los costes reales se ocultan al público.
De las hidroeléctricas explica que contribuyen a la mitad del gasto en países como Canadá, Noruega y Suecia; pero claro, depende de los ríos que tengamos.
De los biocombustibles afirma que son peligrosos porque es muy fácil cultivarlos como sustitutivo del combustible fósil y que se necesitan grandes extensiones de terreno que, por otro lado, habría que robar a la superficie boscosa (a Gaia, para ser más exactos).
De la energía solar dice que todavía hoy es muy cara, a pesar de los 30 años de investigación. Como pasa con el viento, la llegada de luz es intermitente y volvemos a necesitar formas de almacenamiento de energía eficientes.
Su solución a los problemas del calentamiento global está en la fusión nuclear. Un reactor de este tipo tiene como residuo el gas helio y las partes metálicas del reactor que se vuelven radiactivas (por los flujos de neutrones que corren por allí) son un problema de segundo orden. Los residuos radiactivos de la fusión no son de largo plazo. Dice que Kyoto debería recibir más pragmatismo de científicos e ingenieros y menos del ideal romántico que retrasa los avances en la obtención de energía a partir de la fusión nuclear.
Como todavía no tenemos la fusión en marcha y, como medida temporal, hemos de recurrir a la fisión nuclear (nuestras clásicas centrales nucleares). El autor dice estar perplejo por los ataques de ecologistas y críticos de este tipo de energía (que insisto, él considera la mejor hasta que se logre la fusión) y no al otro tipo de energía que genera CO2.