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Las teorías geográficas

Publicado en Geografia por Mario el Enero 16th, 2008

Me encontré un enlace que puede ser de interés para muchos geógrafos, denominado las teorías geográficas, escrito por Reginald Golledge, catedrático de geografía en la Universidad de California Santa Barbara.

¿El por qué de las teorías geográficas

El surgimiento de la teoría geográfica fue un producto inevitable del deseo de sistematizar el conocimiento geográfico existente y usar esa base sistematizada para explorar nuevas áreas del conocimiento. Aunque la utilidad de la teoría y de los modelos predictivos en geografía constituye actualmente un asunto de récords, no siempre fue así. La utilidad y la necesidad de teorías fue a menudo un asunto polémico, a pesar del argumento tantas veces repetido de que las teorías de localización explican las leyes de la distribución espacial, que las teorías de la interacción explican las leyes del movimiento y el comportamiento en el espacio, que las teorías del crecimiento y desarrollo explican la naturaleza de los estados pasados, presentes y futuros, y que la teoría de la toma de decisiones y elecciones explican las regularidades observables y las tendencias repetibles en los comportamientos individuales, grupales, institucionales y gubernamentales. Hudson (1969) sostuvo que una teoría representa un intento directo para proporcionar un sistema lógico o un lugar donde aniden las regularidades señaladas anteriormente (en su caso, se refiere a los cambios en los esquemas de asentamiento rural). Si bien la tarea de Hudson fue específica, el sentimiento que expresó tiene una relevancia preponderante para el surgimiento y adopción en general de teorías geográficas.

Dentro del ámbito de la teoría geográfica se siguió dos vías específicas. Una se concentró en la “forma” o en los esquemas de singulares configuraciones espaciales distribuidas en áreas bien definidas. Como señalan Amedeo y Golledge (1975, p. 176), “la referencia a la configuración de una distribución daría presumiblemente una indicación espacial resumida de la dispersión de los acontecimientos en relación con un área definida, la disposición de los acontecimientos en relación mútua, la conexión o vínculos entre y en el interior de los acontecimientos y las relaciones jerárquicas inherentes a la distribución de los intereses”. Por otro lado, el término “proceso” fue definido como (Amedeo y Golledge (1975, p. 177), “…un conjunto de actividades interrelacionadas que operan en una serie de acontecimientos y que, como consecuencia, producen (o, en algunos casos, impiden que se produzca) cambios en las características de estos acontecimientos a lo largo del tiempo y del espacio. Cuando hablamos de procesos, sostenemos y, por lo general, lo esperamos, que “el comportamiento” de sus actividades generen unas relaciones e interrelaciones que cambian a lo largo del tiempo. Así, las manifestaciones de estas relaciones e interrelaciones en cualquier momento del tiempo pueden tener una apariencia que existe sólo temporalmente. En algún momento posterior, estas manifestaciones pueden adoptar una apariencia completamente diferente.” Una de las características más importantes de la revolución teórica y cuantitativa fue un viraje gradual desde el temprano énfasis de las teorías deterministas de la forma y la estructura, hacia las teorías de los procesos de interacción, interrelaciones, comportamiento y dinámica.

La mayoría de los geógrafos se refieren a la revuelta disciplinaria de finales de los años ‘50 y los años ‘60 como la “revolución cuantitativa”. Durante este periodo, una parte importante de la geografía humana empezó a poner de relieve el análisis y la interpretación mediante modelos matemáticos y estadísticos. Dichos enfoques habían sido utilizados más extensamente en la geografía física, donde eran más difundidos los rigores de la experimentación científica, el cuidado en el diseño experimental, la precisión de las mediciones y la construcción de modelos explicativos. No sucedió lo mismo con la geografía humana. La geografía humana era en su mayor parte más descriptiva que analítica, más interpretativa que lógica, y dependía del conocimiento “especializado” de personas que decían poseer un conocimiento específico de áreas sistemáticas o de sistemas regionales.

Sin embargo, la revolución cuantitaviva fue mucho más que la mera introducción de las matemáticas y la estadística en la geografía humana. Paralelamente, y en algunos sentidos precediéndola, había una revolución teórica, y las matemáticas y la estadística no eran sino los lenguajes necesarios que permitieron que esta revolución teórica surgiera y se desarrollara. Durante más de un decenio, las revoluciones teórica y cuantitativa estaban tan íntimamente interrelacionadas que muy pocos eran capaces de distinguir entre una y otra. En opinión de numerosos geógrafos, la introducción de la teoría y la introducción de mediciones, de modelos matemáticos y de análisis estadísticos equivalían a lo mismo. Hacer esto significó una reorientación filosófica a gran escala de la disciplina, puesto que se vio en la filosofía positivista y en el método científico los principales mecanismos por los cuales se podía introducir y divulgar la teoría y los métodos cuantitativos.

Como sucede con todas las innovaciones, surgieron innovadores que fueron más allá de los límites de la disciplina en busca de la formación que estimulara esta nueva manera de pensar. Estas excursiones fueron documentadas por Gould (1985), Johnston (1979), Fale & Olsson (1979), Amedeo y Golledge (1975) y otros. No es nuestro propósito aquí retrazar históricamente la introducción de la teoría y los métodos cuantitativos en la disciplina, sino intentar comprender por qué esto sucedió, cómo sucedió y en que áreas de la disiciplina se produjo el mayor impacto.

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