Buscar  

Libro: La venganza de la Tierra

Publicado en Ambiente, Ciencia por Mario el Diciembre 9th, 2007

Excelente reseña de un libro que publicaron hace un tiempo en Historias de la Ciencia, deja mucho que pensar de fuentes alternativas para generar electricidad:

 

El autor es James Lovelock famoso hoy día, sobre todo, por su hipótesis de Gaia. Según conocidas revistas como New Scientist, Observer y Prospect está considerado como uno de los grandes pensadores de nuestra época, una de las figuras más influyentes del movimiento ecologista y uno de los 100 intelectuales de más renombre del mundo respectivamente.

Ha sido un científico independiente al que llamó la NASA para el primer intento en descubrir vida en Marte. Su objetivo era establecer los métodos y criterios en bajo los cuales se podía considerar que era posible la vida o no en Marte y, por extensión, en cualquier otro planeta. Un problema tan interesante como complejo. Pero de su labor y Gaia podemos hablar en otras historias.

El libro del que hablamos hoy lo ha escrito a la edad de 86 años y va, precisamente, de la manita del hombre y su relación con el cambio climático. Según Lovelock, ya estamos definitivamente condenados al mismo y la razón es que nos hemos cargado todos los sistemas que tiene la Tierra para enfriarse. Lo único que podemos hacer es intentar minimizar los resultados.

Nos recuerda lo importante que es para nuestra sociedad la electricidad y explica una historieta sobre qué sucedería si no la tuviésemos de forma permanente (¿habéis intentado pasar sin electricidad un día o, mejor,una semana? Probadlo: ¡fuera plomos!).

Intenta explicar por qué el cambio climático no se ha tomado realmente en serio, por mucho que los científicos no paren de dar alarmas, dado que la ciencia no puede explicarlo todo. En sus propias palabras:

La ciencia es un club cordial y agradable de especialistas que siguen los caminos trazados por numerosas autoridades; es presuntuosa y admirablemente productiva, pero nunca segura al 100% y siempre coartada por la persistencia de unos puntos de vista incompletos.

Y mientras los científicos deben ser cautos en sus afirmaciones, los políticos van al Protocolo de Kyoto haciendo ver que escuchan cuando, en realidad, sólo ganan tiempo.

Da un repaso por todas las posibles fuentes de energía conocidas hoy día y una explicación de ventajas e inconvenientes. Os doy algunos detalles.

Respecto el gas, no todo se quema: hay fugas. El metano es 20 veces más potente que el CO2 para producir efecto invernadero, aunque en 12 años sólo queda el 37% de la fuga; el resto se oxida para formar CO2 y vapor de agua. El CO2 tarda en eliminarse entre 50 y 100 años. Tan preocupante uno como otro.

Donde sí me he llevado una sorpresa ha sido al tratar de las energías renovables y del modo tan sesgado en que tratan los políticos el concepto “desarrollo sostenible” y “energías renovables”.

Dice, por ejemplo, que para satisfacer las necesidades energéticas del Reino Unido se necesitarían 276.000 generadores de viento (tres por cada kilómetro cuadrado y medio) y que, aparte, necesitaríamos una forma eficiente de almacenar la energía que se produce. Las turbinas de viento funcionan un 25% del tiempo y el 75% restante debe venir de otras fuentes. El informe más reciente de Alemania al respecto dice que sólo está disponible el 16% del tiempo. En su opinión, ninguna comunidad razonable invertiría en este tipo de producción de energía si no fuera porque los costes reales se ocultan al público.

De las hidroeléctricas explica que contribuyen a la mitad del gasto en países como Canadá, Noruega y Suecia; pero claro, depende de los ríos que tengamos.

De los biocombustibles afirma que son peligrosos porque es muy fácil cultivarlos como sustitutivo del combustible fósil y que se necesitan grandes extensiones de terreno que, por otro lado, habría que robar a la superficie boscosa (a Gaia, para ser más exactos).

De la energía solar dice que todavía hoy es muy cara, a pesar de los 30 años de investigación. Como pasa con el viento, la llegada de luz es intermitente y volvemos a necesitar formas de almacenamiento de energía eficientes.

Su solución a los problemas del calentamiento global está en la fusión nuclear. Un reactor de este tipo tiene como residuo el gas helio y las partes metálicas del reactor que se vuelven radiactivas (por los flujos de neutrones que corren por allí) son un problema de segundo orden. Los residuos radiactivos de la fusión no son de largo plazo. Dice que Kyoto debería recibir más pragmatismo de científicos e ingenieros y menos del ideal romántico que retrasa los avances en la obtención de energía a partir de la fusión nuclear.

Como todavía no tenemos la fusión en marcha y, como medida temporal, hemos de recurrir a la fisión nuclear (nuestras clásicas centrales nucleares). El autor dice estar perplejo por los ataques de ecologistas y críticos de este tipo de energía (que insisto, él considera la mejor hasta que se logre la fusión) y no al otro tipo de energía que genera CO2.

Continúa-> 

Origen no biológico del petróleo

Publicado en Ciencia por Mario el Noviembre 7th, 2007

Este post es sumamente interesante por lo disparatado de la teoría, pero hay que tomar el asunto con pinzas, analizarlo con la mente abierta y de forma inteligente, porque aunque suene como la teoría de los marcianos, podría ser verdad. Tomado de Tecnología Obsoleta. Leamos:

Antes de pasar a describir las ideas que plantean un posible origen no biológico del petróleo, auténticas herejías de la geología de hoy día, lo más lógico será hacer una visita a la teoría más aceptada, esto es, la que postula un origen biológico del oro negro. Básicamente, en lo que se refiere al origen del petróleo y el gas natural, hay dos puntos de vista contrapuestos. Por un lado está la teoría biogénica, la “oficialmente” aceptada. Por otro, la teoría abiogénica, minoritaria pero… ¡fascinante!

¿Por qué sería importante que la realidad se inclinara por una u otra solución? Muy sencillo, si resultara que tanto el petróleo como el gas natural son de origen abiogénico, seguramente existan reservas de tales combustibles no descubiertas y en cantidades inimaginables.

Hace poco, repasando por encima algunas publicaciones de finales de los setenta, he vuelto a comprobar que existen miedos globales que parecen agruparse por épocas. A mediados de los ochenta, a poco que se repasen en las hemerotecas los papeles de la época, el terror tenía forma de misiles intercontinentales. En las revistas de los setenta, en cambio, era el fin del petróleo la fuente del miedo global. Se afirmaba, en medio de supuestos sesudos análisis, que para finales de los años noventa casi no quedaría gota de oro negro con el que alimentar a la sedienta sociedad industrializada. De ahí que no extrañe el éxito de Mad Max pocos años más tarde, los ambientes apocalípticos sedientos de petróleo eran un elemento más de la moda de aquellos tiempos. Ahora, cuando se conocen reservas de petróleo inmensas y escasamente exploradas, pocos se acuerdan de aquellos miedos, el horizonte de la sequía de piedra combustible se ha alejado aproximadamente un siglo hacia el futuro. ¿Y si en realidad el petróleo no fuera aquello que se pensó?

Los hidrocarburos líquidos y gaseosos procederían, según la teoría más ampliamente aceptada, de la materia orgánica depositada en procesos de sedimentación por diversos fenómenos geológicos. Con el paso del tiempo, lo que anteriormente fueron organismos vivos como los planctónicos, quedan atrapados en el interior de la corteza terrestre y comienzan a “madurar”. El aumento de temperatura producido por la profundidad gracias al gradiente geotérmico, además de otras fuentes de calor locales, hacen que se alcancen temperaturas que, aunque moderadas, facilitarían la transformación de la materia orgánica original en preciados hidrocarburos. Al principio, bacterias anaerobias son las encargadas de poner en marcha el proceso, pero con la profundidad desaparecen, pasando a ser la temperatura el agente “catalizador” cuanto más se desciende, desarrollándose un largo proceso de destilación de la materia original para dar lugar a petróleo y gas natural. Los expertos han desarrollado esta teoría de manera bastante detallada, diferenciando tres etapas en el proceso en función de la temperatura1.

Bien, parece algo plausible, pero hay lagunas en el proceso que originan preguntas sin respuesta hasta la fecha. Por este motivo, diversos geólogos durante el siglo XX se han planteado alternativas a la corriente mayoritaria. En la extinta Unión Soviética surgieron varias nuevas teorías que enfocaron el problema desde otro punto de vista muy distinto. Entre los pioneros de la abiogénesis del petróleo, el gas natural y hasta el carbón, se encontraba Nikolai Alexandrovitch Kudryavtsev quien, junto con muchos otros compatriotas, estudió en profundidad el petróleo que se extraía de diversas partes de Asia, llegando a la conclusión de que había muchos datos que no encajaban con la teoría biogénica. En efecto, si con audacia se pensaba en una alternativa no biológica, podrían solventarse muchos de aquellos enigmas que no podían encajarse en el modelo teórico mayoritario. Posiblemente el ser soviéticos influyó en la cuestión, tanto por desmarcarse voluntariamente de la ciencia occidental como, también, en ser considerados por los investigadores del oeste como poco más que charlatanes.

La cuestión no levantó el vuelo hasta que apareció en escena un astrofísico llamado Thomas Gold, de la Universidad de Cornell. Hay quien le acusó de plagio, sobre todo porque al principio de su “ataque” contra la teoría biogénica no parecía citar autores soviéticos, pero no se puede negar que Golg ha sido el más conocido y quien más tiempo ha dedicado a escudriñar en los entresijos de la teoría abiogénica en occidente. El “escándalo” de Gold nació cuando publicó un libro en el que explicaba con detalle los problemas de las teorías biológicas y cómo podía plantearse una alternativa novedosa2.

¿En qué consiste el enfoque de Gold que, por otra parte, es similar a otras teorías abiogénicas? Basicamente, esta teoría plantea que los compuestos orgánicos, presentes en el Sistema Solar desde su formación –cosa que está recibiendo cada vez más respaldo gracias al descubrimiento de moléculas orgánicas en un gran número de lugares del cosmos– también estuvieron presentes en la formación de nuestro planeta, siendo estos compuestos los que han originado el gas natural y el petróleo. Según Gold, existirían gigantescas bolsas de hidrocarburos en el interior de la Tierra, a gran profundidad. Estarían ahí desde la formación de nuestro planeta y, por tanto, no sería biológico su origen. El petróleo y el gas que actualmente se extrae, diríase a flor de piel si se compara con las enormes profundidades a las que estaría el “mar” de petróleo del que Gold hablaba, no serían más que pequeños “charcos” que estarían alimentados por el petróleo o el gas bombeados desde las profundidades a través de materiales porosos.

Se han descubierto compuestos orgánicos en asteroides, en Marte, en Titan, en el mismísimo Júpiter, en Saturno, Urano, Neptuno. Por ejemplo, el metano, ha sido registrado de forma persistente en lugares donde no “debiera” estar. ¿Acaso será también de origen biológico? Muy improbable, por no decir que imposible. Sugiere Gold que se trata de compuestos que están ahí desde mucho antes de que la vida floreciera en la Tierra. Pero, como si de un moderno Wegener se tratara, el astrofísico de Cornell trató de encontrar pruebas físicas que probaran la veracidad de su teoría. El tiempo dirá si hay algo de cierto en ello, pero se trata de algo intrigante, sobre todo porque la teoría biogénica no parece explicar algunos asuntos clave.

CONTINÚA…